LUCIA DI LAMMERMOOR - NOTAS DE DIRECCIÓN
Lucia di Lammermoor, ópera estrenada en 1835 en el Teatro San Carlo de Nápoles, es el paradigma de todos los mitos románticos en la ópera: el exceso pasional y el virtuosismo vocal belcantista encuentran un entorno ideal en los paisajes desolados del medievo escocés retratado por Walter Scott en su novela y reelaborado en el libretto de Salvatore Cammarano para la música de Gaetano Donizetti. Los enfrentamientos a muerte entre familias rivales, los amores imposibles que se saltan todas las barreras, los jóvenes que desafían a las normas que impiden su pasión, la locura del amor no satisfecho y la muerte, sobre todo la muerte atroz y despiadada mostrada en el escenario en toda su crudeza, son los mitos románticos que aparecen en Lucia como paradigma y anticipo de lo que será la ópera de las décadas siguientes.
El romanticismo operístico es una magnífica invención musical y teatral que bebe de las fuentes de la literatura (Schiller, Goehte, Von Kleist) de la música (Schumann, Schubert) y de la pintura de Caspar David Friedrich y de otros contemporáneos que describen la pequeñez del hombre frente al destino implacable y el titánico combate que debe llevar a cabo para sobrevivir ante enemigos tan terribles como la determinación trágica y la imponente naturaleza.
La propuesta de Lucia di Lammermoor que llevamos a cabo con esta producción pretende ser una proyección escénica de esas ideas románticas en el aspecto ideológico y el estético. El montaje sigue los principios románticos que bullen en la mente de Donizetti sobre la importancia del ser humano como paisaje panorámico de emociones (“el hombre es un Universo en miniatura” decía Novalis) y sobre la necesidad de que el hombre viva sus pasiones hasta las últimas consecuencias (“es mejor morir porque se ha vivido, que vivir porque no se ha vivido nunca”, escribe Hölderlin), incluso ofreciendo su vida como un sacrificio mucho más razonable que el abandono de sus propios deseos.
Por ello la esencia de la dirección de escena de esta ópera reside en la dirección actoral de los cantantes, para hacer creíble esa capacidad de morir y matar por un sentimiento, por un ideal y por una elección libre de vida o de amor, como la que hace la propia Lucia. El exceso de cualquier pasión del ser humano puede ser considerado como locura y puede conducir a una verdadera locura: eso es lo que le sucede a todos los personajes de la ópera, que viven tan al límite su visión del mundo, sus principios y sus deseos, que se sumergen en un camino sin retorno de delirio y exceso. Todos matan o mueren por defender su ideal de vida y su manera de ver el mundo. La pasión y la fuerza de la música y el despliegue vocal virtuoso, típico del belcanto es una consecuencia de esa lucha de los personajes y no una mera floritura canora.
La estética del montaje vive también de las fuentes románticas, aunque con un tratamiento absolutamente contemporáneo. Los paisajes de Caspar David Friedrich, con sus ruinas de cementerios, sus torres demolidas y sus castillos medievales serán el marco en el que se desarrolla la acción, siempre dentro de esa luz nocturna y enfermiza característica del estilo pictórico romántico. El medievo se revisita con la mirada del siglo XIX y con una lectura actual. Lucia es un personaje encerrado en su pasado, en el dolor de la pérdida de su madre, obligada a casarse con un hombre al que no quiere y abandonar a su amor verdadero. Esa es su locura, no poder encontrar su camino y su libertad, no tener el espacio y el tiempo de vivir su dolor por la pérdida materna, no poder elegir nada en su vida. Por esa esta dispuesta a matar y a morir, por eso se lanza a los excesos. Lucia di Lammermoor es la historia del dolor de una mujer que no consigue salir de una espiral de sufrimiento, que nunca consigue abandonar el cementerio en que yace su madre, que nunca puede vivir su pena, que es forzada a vivir, a casarse, a ir contra su naturaleza y sus pasiones, y acaba muriendo junto a esa tumba.
Ignacio García
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Programa
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Teatro
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LUCIA DI LAMMERMOOR
Ópera en tres actos con música de Gaetano Donizetti, libreto de Salvatore Canmarano basado en la novela de Walter Scout “The bride of Lammermoor”.
LUCIA:
Dolores Lahuerta / Mercedes Arcuri
ENRICO:
Javier Galán / Axier Sánchez
EDGARDO:
Marc Sala / José Manuel Mas
RAIMONDO:
Ángel Jiménez / José Antonio García
ARTURO:
Juan Manuel Padrón
ALIZA:
Miriam Arnouk / Judith Borrás
NORMANNO:
Juan José Rodríguez
ESCENOGRAFÍA:
Esmeralda Díaz
VESTUARIO:
Silvia García Bravo
ILUMINACIÓN:
Ignacio García / Marta Ramírez
MAESTRO REPETIDOR:
Borja Mariño / Miguel Angel Arqued
AYUDANTE DE DIRECCIÓN / REGIDURÍA:
Carolina Moncada
Orquesta Filarmónica de La Mancha
Coral Crevillentina
Dirección Musical:
Francisco Antonio Moya
Dirección de escena:
Ignacio García