Doctor Jack (1922, Fred. M. Newmeyer). Representativa del estilo y el personaje que convirtió a
Harold Lloyd en una de las grandes estrellas del cine norteamericano.
Lloyd representó, en su larga producción, al prototipo del personaje alegre, optimista y con cierto tímido atractivo que, enfundado en su eterno traje y su sombrero “Canotier”, en el fondo revelaba el espíritu del all american boy, al tiempo que lo combinaba con las sempiternas muestras de su ingenio.
En esta película, en su afán de llegar a todos sus enfermos –aunque más cabría señalar “aconsejados”, ya que en realidad nadie padece síntoma alguno-,
Dr. Jack intenta aprovechar el mayor tiempo posible en sus desplazamientos en vehículos, lo que dará pie a unas carreras por distintos medios que resulta lo más divertido de la función, y anuncian uno de los mejores rasgos del cine posterior de
Harod Lloyd; su ritmo frenético.
Ricardo Casas, por su condición profesional de médico, se aproxima musicalmente a esta película para enfatizar la moraleja que transmite
Lloyd en su cinta; la forma en que encaramos mentalmente la enfermedad influye muchísimo en nuestras posibilidades de superarla.
Crítica
DR. JACK
A pesar de no situarse a la altura de sus mejores tiempos, nadie puede negar que una comedia como
DR. JACK (El doctor Jack. 1922, Fred. M. Newmeyer) es representativa del estilo y el personaje que convirtió a
Harold Lloyd como una de las grandes estrellas del burlesco norteamericano.
Lloyd representó en su larga producción, el prototipo del personaje alegre, optimista y con cierto tímido atractivo que, enfundado en su eterno traje y su canotier, en el fondo revelaba el espíritu del
all american boy, al tiempo que lo combinaba con las sempiternas muestras de su ingenio. Ese registro fue prodigándolo en toda una serie de producciones cómicas que pronto adquirieron una enorme rapidez y un desarmante sentido del timming, que llegó a obras tan precozmente maduras como SAFESTY LAST! (El hombre mosca, 1923. Fred Newmeyer y Sam Taylor) –su título más recordado-, o la admirable SPEEDY (Relámpago, 1928. Ted Wilde), que cabe ubicar sin duda como una de las mejores comedias de los últimos exponentes del cine mudo, al tiempo que una película que captaba con enorme perfección la vorágine urbana newyorkina.
Indudablemente, no se puede situar
DR. JACK en la misma valoración. Pero lo cierto es que en 1922 el
slapstick no había alcanzado la madurez que muy pronto demostrarían sus numerosas producciones –y antes nos hemos referido al logro que apenas un año después protagonizaría el propio cómico-. Buena parte de ello se advierte en esta divertida andanza de un médico rural lleno de sagacidad, en su encuentro con una joven de buena extracción social, totalmente sobreprotegida por su padre, a la que se supone totalmente dominada por la enfermedad y la debilidad, a lo que contribuirá la constante compañía de un apergaminado y oportunista doctor. Se trata, indudablemente, de una sencilla premisa argumental, que da pie a una película de apenas una hora de duración, en la que se bordea la frontera del melodrama, y que en ciertos momentos anuncia el dinamismo que presidiría el cine cómico protagonizado por Lloyd, y determina ya los rasgos del personaje que iría reiterando a lo largo de su carrera como estrella del cine cómico, y al mismo tiempo se deja llevar por cierto esquematismo en situaciones y planteamientos de comedia.
Argumento
La joven hija de un ricachón siempre ha estado bajo los cuidados de un médico farsante bajo sus aires de docta sapiencia, que recomienda para su paciente un perpetuo encierro que le hace más mal que bien. Un abogado amigo de la familia no acaba de fiarse, y recomienda una segunda opinión: la de un médico rural que rebosa sentido común. Como terapia ensayará una aventura repleta de emociones fuertes, aprovechando que un loco huido de un manicomio próximo.
Divertida película cómica de
Harold Lloyd, coprotagonizada con la que sería su esposa,
Mildred Davis. Tiene momentos inspiradísimos, cuando
Lloyd ejerce de médico rural, o cuando rivaliza con el supuesto sabio. Pero el plato fuerte es el tramo de "aventura" del film, sencillamente desternillante, en que el genial cómico adopta un doble papel de hombre valeroso y de loco vestido con sombrero, capa y barba postiza.
TÍTULO ORIGINAL:
Dr. Jack
AÑO:
1922
DIRECTOR:
Fred C. Newmeyer, Sam Taylor
GUIÓN:
Hal Roach, Sam Taylor, Jean C. Havez
FOTOGRAFÍA:
Walter Lundin (B&N)
REPARTO:
Harold Lloyd, Mildred Davis, John T. Prince, Eric Mayne, C. Norman Hammond, Charles Stevenson
PRODUCTORA:
Hal Roach Studios
GÉNERO:
Comedia
Ricardo Casas, médico de profesión y gran improvisador al piano, se adentró en el mundo de poner música a viejas obras maestras del Cine Mudo con la propuesta de varios títulos con los que ha triunfado en diversos auditorios albaceteños, incluyendo el Teatro-Circo de la capital. Se ha convertido en todo un clásico de los Auditorios de la provincia de Albacete, donde suele estrenar sus nuevas composiciones e improvisaciones en el marco la Muestra de Cine Mudo de la localidad.